Las historias de viaje están bastante atrasadas. Dos estaciones han pasado, el año está casi por terminar, y yo todavía no acabo con los relatos del viaje a la parte más norte del sur de Alemania. Aunque no me molesta para nada que vayan atrasadas, por el contrario, en aquellos momentos en los que encuentro el tiempo y las ganas de sentarme a escribir, disfruto mucho al recordar lo vivido, los lugares visitados, los platos degustados, y por supuesto, el perderme entre hermosas fotografías, que le aportan un poco de luz y color a los días fríos y grises.
En el relato de Coburg comenté que, habíamos decidido pasar la noche en un lugar central, que nos permitiera conocer tanto Coburg como Bamberg -destino final- y sus alrededores. Esto porque además de "matar dos pájaros de un solo tiro", aveces resulta un poco más económico hospedarse en pueblos cercanos al lugar de interés. Y sabes qué es lo mejor? que es posible cuentes con la fortuna de que ese pueblito resulte ser una joya, o también puede pasar todo lo contrario. Si resulta fatal, pues tampoco es que esté tan mal, al fin y al cabo solo llegarás a él a dormir. Pero, si resulta ser una joya, encantador y fotogénico, no puedes dejar pasar la oportunidad de recorrerlo, de fotografiarlo.